Antes de la carrera
Desayuno
Había puesto el despertador a las 07,45 horas, pero la abundante cena, algún nervio y unos ciclomotores ruidosos me despertaron un buen rato antes, en el que intenté, al menos, relajarme con música clásica.
Desayuné con Básil a las 8,00, pan tostado con aceite de oliva y un café con leche. Un par de vasos de agua para hidratar. No pude resistirme a volver a catar la tarta preparada por Maru con la que finalizó la cena del día anterior.
A pesar de que les dije que no quería cenar mucho, quizá un poco de pasta -es lo que recomiendan los expertos-, me pusieron merluza y langostinos frescos a la plancha, conserva casera de bonito, foie también preparado en casa, pimientos, ensalada, queso, la citada tarta y… como yo lo había pedido, un plato de pasta con una fritada casera de verduras que estaba buenísima. Procuré limitarme a probar un poco de cada, por no desairar a mis amigos, pero, aún así, fue excesivo. Salimos a dar un breve paseo para bajar la cena, mirando con pena los animados bares, pero sin ceder a la tentación de entrar a tomar un digestivo: “- Uno al fin y al cabo es, hoy, un atleta, popular, pero atleta”, me convencía. A las 12,00 ya estaba preparando todas las cosas y ropas precisas para la carrera y a las 0,30 del día D, durmiendo.
Después del desayuno una buena ducha, pues sin ducha no valgo ni para ir a correr, los primeros estiramientos y a colocarse todo el equipo, que, de abajo a arriba, es el siguiente:
- Calcetines invisibles y zapatillas.
- Chip para medir el tiempo, unido al cordón de la zapatilla derecha.
- Culotte (uno no olvida sus orígenes ciclistas). Sin badana, claro.
- Dos tiritas de silicona para evitar rozaduras de la camiseta en los pezones.
- Pulsómetro (Al que después me referiré, con cariño). Compruebo que funciona, unas pocas pulsaciones más de lo normal, atribuibles a los nervios.
- Camiseta. (Miro el tiempo que hace y me decido por la negra fina y de manga corta que nos han dado por participar. Es muy buena, pero excesivamente ajustada, así que algunos marcamos la barriguilla cervecera y el michelín). Dejo con un poco de pena la del equipo de rugby de Nueva Zelanda -los all blacks- de los que soy un fanático desde hace muchos años, a pesar de los disgustos que me dan, pero es un poco demasiado gorda.
- Dorsal con cuatro imperdibles.
- Una muñequera para limpiarme el sudor.
- Goma para la coleta. (Deshecho la diadema porque, entre otras cosas, me queda fatal y se me resbala). Estas son las servidumbres del pelo largo, pero he decidido no cortármelo hasta después de la carrera, aunque la gente me diga que con este pelo me parezco a Aznar. Me da igual.
- Gafas de sol (también de ciclista).
- Unos pañuelos de papel y un botellín de agua.
- Un billete de 10 € por si acaso.
En la mochila llevo:
- Un pantalón de correr largo y un chubasquero, ropa que de momento me pongo para evitar el frío de la mañana hasta que llegue a Behobia. Me servirán para cambiarme después de la carrera. (También me pongo una camiseta de algodón vieja que tiraré en el momento del txupinazo de salida).
- La camiseta de los all blacks y unos calcetines más largos.
- Una bolsa de basura industrial y unos guantes de látex, que también me pondré para el frío cuando deje la mochila en el correspondiente camión.
- Una toalla pequeña y unas toallitas húmedas para limpiarme un poco antes de cambiarme de ropa.
- Una bolsa para meter la ropa sucia.
- Móvil.
- Algo de dinero.
- El adhesivo, con el mismo número del dorsal, para identificar la mochila.
Transporte
A las 09,10 me despedí de mis amigos hasta la próxima vez que venga a darles la lata y, después del último pis, salí hacia lo desconocido. El día espléndido, sin una nube, el cielo azul intenso, aunque a esa hora habría 3 ó 4 grados.
El viaje en transporte público desde Hondarribia a la zona de salida se desarrolló perfecta y puntualmente.
Nada más salir de casa, sobre las 09,15 horas del día 11/11/07, vi pasar un autobús con destino a Irún, sobre el que casi me abalancé para hacer que parase, pues hacía mucho frío para quedarse esperando. Me dejó junto a la estación de RENFE, donde, a los pocos minutos, empezaron a llegar los autobuses-lanzadera proporcionados por la organización de la carrera. Como estaba allí antes de que llegaran los trenes procedentes de SSn me subí de los primeros y me pude sentar.
Al poco tiempo empezó la animación, que ya no cesaría en toda la mañana. El bus se llenó de gente, en general gente joven y bastantes mujeres, que acababa de llegar en los trenes facilitados también por la organización. Saludos, bromas, buen rollito y unos saltitos para entrar en calor. Un chavalote con acento de la ribera navarra, que se subió al bus después de fumarse un pitillo, decía:
“- Estos me tienen manía, porque ellos se cuidan durante meses para estar en forma y yo, que fumo, bebo y follo todo lo que puedo, les mojo la oreja en todas las carreras”. Risas generales.
Una vez bien compactado el grupo, con cierto olor a Reflex, el bus emprendió el camino hacia Behobia, primero por las calles de Irún, hasta alcanzar la avenida paralela al Bidasoa, para después, de forma inopinada, volver sobre sus ruedas y dirigirse a Hendaya, desalojándonos en la parte francesa del puente de Behobia, junto a la zona de salida. Eran las 09,45 horas y no sé si he comentado que hacía frío, sobre todo junto al río.
Prolegómenos
Crucé el puente, saltando y trotando un poco para entrar en calor. Al otro lado ya había mucha gente, unos estirando, otros calentando, algunos tomando un café al que invitaban en un kiosco, otros -ellos- meando contra cualquier tapia o árbol y los novatos, como yo, mirándolo todo con cara de alucine y comentando: “¿Cómo será posible organizar a tanta gente? Seguro que es imposible correr por lo menos hasta Gaintxu, cuando las primeras cuestas aclaren el pelotón. No creo que llegue el agua de los avituallamientos para todos ¿Qué cuesta será más dura Gaintxu o Mirakruz? ¿Se hará tan pesado como dicen el paso del puerto?...”
Veo los camiones donde hay que dejar las mochilas y me dirijo hacia éllos. Como no hay mucha gente decido aguantar un poco con la ropa de abrigo puesta -no se van a SSn hasta las 10,20 h.- y hacer una ronda de estiramientos y calentamiento de articulaciones completa.

Con Fernando y Juanito -del Gordón Team- antes de calentar. Todavía con ropa de abrigo, pero ya con los plásticos en la mano. Nótese el cielo.
Sigo bebiendo agua a sorbos cortos, como recomiendan los expertos, y entre eso y el frío ya necesito ir al komunak otra vez, urgentemente, así que me despojo del pantalón largo y del txambergo, me forro de plástico y látex -a que suena erótico, pues nada de nada, la pinta es infame-, meto en la mochila todo lo que no me va a hacer falta en la carrera, la dejo en el camión -primer error- y, como uno va de cívico por la vida, me pongo en la cola de uno de los camiones WC de la organización -segundo error-. Antes de ello saludo a Fernando y a Juanito Gordón, nos hacemos una foto y nos deseamos suerte. Ellos ya son veteranos y saldrán desde puestos ganados en ediciones anteriores.
La cola no es muy larga, quince tíos más o menos -las chicas tienen otra entrada-, pero queda a la sombra y es lentísima, así que… a saltar y a aguantarse. Lo que tardan, “-Parece que se están haciendo las ingles”, le comento a mi predecesor. Después de veinticinco minutos de chascarrillos, saltos y carreritas cortas logro acceder al interior y veo un enorme meódromo vacío, que ocupa toda una pared del trailer. Los que esperan tienen necesidades mayores. Podía haberme evitado la larga espera ya que yo sólo necesitaba hacer pis. Novatada.
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Al haber dejado la mochila en el camión también he dejado el móvil. No puedo llamar a amigas/os con los que había quedado en la salida y en el recorrido, ni hacer fotos: “Corre como nunca lo has hecho antes” dice el lema del patrocinador de la carrera; “-Pero solo, como siempre”, añado.
En el puente sobre el Bidasoa hay un hormiguero de gente que se ha organizado -por eso es un hormiguero- para calentar trotando, dando vueltas en el sentido contrario a las agujas del reloj. Me gusta eso de que la gente, sin cabecillas ni dirigentes, se Ⓐutorregule, aunque sea sólo por un rato, ya que enseguida surgen unos pocos que pretenden ir contra corriente y aparecen los “organizadores”.
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Puente de Behobia
Y allá me voy, pues, aunque se trate de trotar, la experiencia no deja de ser algo infrecuente: pasas de España a Francia a la ida, de Lapurdi a Gipuzcoa a la vuelta, de la península Ibérica a la Europa continental, de Euskalerria a L´Aquitaine, de Hendaye a Behobia, de Euskadi Sur au Pays Basque… y todo ello en unos pocos metros. Es divertido, pero nadie parece darse cuenta o, tal vez, dado que ya falta poco, ya surge la tensión, el nervio, las ganas de colocarse en buena posición para la salida…
Después de dar unas pocas vueltas -no es cuestión de cansarse antes de empezar-, me voy aproximando a la zona de salida, tiro en un contenedor los plásticos anti-frío y, tras los últimos sorbos, el botellín de agua. Son las 10,55. Realizo los últimos estiramientos, compruebo que el pulsómetro funciona perfectamente, me hago la coleta -bastante mal y tengo que repetir varias veces- y me coloco en el recinto destinado a los dorsales de color blanco, es decir, los que no tenemos acreditada ninguna marca.
En un momento estoy rodeado de gente, sobre todo txabalotes enormes, así que no me entero de lo que ocurre más allá de mi más próximo entorno. Se oyen comentarios nerviosos, en euskera, en francés y en castellano, chistes, apuestas sobre el tiempo a emplear, deseos de suerte, citas para después de la carrera; las parejas se besan y abrazan -tengo una delante que se pasa en sus muestras de cariño, teniendo en cuenta además que ya estamos todos apretujados y casi no puede uno ni mirar hacia otro lado-, saltamos para mantener el calor, nos pisamos mutuamente y nos pedimos perdón en diversas lenguas, nos apoyamos unos en otros para hacer los últimos estiramientos; sube el nivel de ruido, no se entiende nada de lo que dicen por megafonía… y, de pronto… un txupinazo, se hace un momentáneo silencio hasta que nos damos cuenta de que son las 11,00 y es el anuncio de la salida de las/os máquinas dorsales amarillos y entonces vuelve el jaleo con más fuerza, aplausos, gritos de ánimo, movimiento de la marea humana…pero siempre bien, con buena cara y sonrisas, venimos todos a lo mismo, a disfrutar de la carrera y de la gente, del día, del entorno, de la libertad que da el poder correr, del privilegio que es estar aquí -no dudo que dentro de pocos años la inscripción sea por sorteo entre todas las personas inscritas-, y, a pesar del torbellino, de la aglomeración, no se oye una mala palabra ni se percibe un gesto torcido. Me gusta.
Van transcurriendo los minutos y sucediéndose los cohetes anunciadores de la salida de los diversos grupos: verdes, rojos, azules y… ya nos va a tocar.
Nos quitamos las prendas de abrigo que nos quedaban y comienza una auténtica lluvia de éllas. Pena de cámara. En un momento vuelan sobre nuestras cabezas y nos caen encima todo tipo de bolsas de basura, ponchos de plástico, camisetas, y sudaderas. Lo que te cae encima lo vuelves a lanzar hacia las vallas y el exterior de la ruta, con lo cual sigue el diluvio durante unos minutos. Queda todo hecho un asco. Dicen que la ropa la aprovecha una ong.
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Un txabalote, justo delante de mi, se quita una bonita sudadera con un gran escudo que pone Idiazábal. No creo que la vaya a tirar, está nueva y es muy chula. No, se la da a un amigo algo más bajo que se la ata a la cintura; al parecer corre con secretario. Me dejo la camiseta de algodón sobre los hombros para conservar algo de calor, compruebo que los cordones de las zapatillas y el chip están bien seguros, estiro los calcetines, ajusto la camiseta ajustada, me coloco las gafas de sol, noto que la coleta está floja pero ya no queda tiempo para rehacerla, choco la mano con las/os que me rodean y… ya estoy preparado.
En ese momento una voz masculina me susurra al oído “te quiero”. Cuando giro el cuello, que es todo lo que puedo girar, y me levanto las gafas, compruebo que yo no era el destinatario del mensaje, sino la chica que está pegada a mi espalda. Al ver mi cara de susto y estupor se dan cuenta de lo sucedido y nos reímos todos. Les estoy diciendo que yo también les quiero cuando aquello empieza a moverse.
Al parecer han quitado las vallas que nos retenían y el grupo ha comenzado a avanzar, a paso rápido, incluso trotando, hasta la línea de salida. Puedo, de nuevo, ver lo que ocurre y observo que vamos entre vallas altas, llenas de plásticos y ropas y ya con algunas personas aplaudiendo y dando ánimos. Aprovecho para echar la camiseta de algodón fuera del recorrido y sin más, me centro ya en la carrera, pues veo que nos acercamos a un arco de color rojo, del que cuelgan carteles y bajo el que hay unas alfombras que zumban como un concierto de grillos y cigarras. Es la IRTEERA.SALIDA.DEPART
En el puente sobre el Bidasoa hay un hormiguero de gente que se ha organizado -por eso es un hormiguero- para calentar trotando, dando vueltas en el sentido contrario a las agujas del reloj. Me gusta eso de que la gente, sin cabecillas ni dirigentes, se Ⓐutorregule, aunque sea sólo por un rato, ya que enseguida surgen unos pocos que pretenden ir contra corriente y aparecen los “organizadores”.
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Puente de Behobia
Y allá me voy, pues, aunque se trate de trotar, la experiencia no deja de ser algo infrecuente: pasas de España a Francia a la ida, de Lapurdi a Gipuzcoa a la vuelta, de la península Ibérica a la Europa continental, de Euskalerria a L´Aquitaine, de Hendaye a Behobia, de Euskadi Sur au Pays Basque… y todo ello en unos pocos metros. Es divertido, pero nadie parece darse cuenta o, tal vez, dado que ya falta poco, ya surge la tensión, el nervio, las ganas de colocarse en buena posición para la salida…
Después de dar unas pocas vueltas -no es cuestión de cansarse antes de empezar-, me voy aproximando a la zona de salida, tiro en un contenedor los plásticos anti-frío y, tras los últimos sorbos, el botellín de agua. Son las 10,55. Realizo los últimos estiramientos, compruebo que el pulsómetro funciona perfectamente, me hago la coleta -bastante mal y tengo que repetir varias veces- y me coloco en el recinto destinado a los dorsales de color blanco, es decir, los que no tenemos acreditada ninguna marca.
En un momento estoy rodeado de gente, sobre todo txabalotes enormes, así que no me entero de lo que ocurre más allá de mi más próximo entorno. Se oyen comentarios nerviosos, en euskera, en francés y en castellano, chistes, apuestas sobre el tiempo a emplear, deseos de suerte, citas para después de la carrera; las parejas se besan y abrazan -tengo una delante que se pasa en sus muestras de cariño, teniendo en cuenta además que ya estamos todos apretujados y casi no puede uno ni mirar hacia otro lado-, saltamos para mantener el calor, nos pisamos mutuamente y nos pedimos perdón en diversas lenguas, nos apoyamos unos en otros para hacer los últimos estiramientos; sube el nivel de ruido, no se entiende nada de lo que dicen por megafonía… y, de pronto… un txupinazo, se hace un momentáneo silencio hasta que nos damos cuenta de que son las 11,00 y es el anuncio de la salida de las/os máquinas dorsales amarillos y entonces vuelve el jaleo con más fuerza, aplausos, gritos de ánimo, movimiento de la marea humana…pero siempre bien, con buena cara y sonrisas, venimos todos a lo mismo, a disfrutar de la carrera y de la gente, del día, del entorno, de la libertad que da el poder correr, del privilegio que es estar aquí -no dudo que dentro de pocos años la inscripción sea por sorteo entre todas las personas inscritas-, y, a pesar del torbellino, de la aglomeración, no se oye una mala palabra ni se percibe un gesto torcido. Me gusta.
Van transcurriendo los minutos y sucediéndose los cohetes anunciadores de la salida de los diversos grupos: verdes, rojos, azules y… ya nos va a tocar.
Nos quitamos las prendas de abrigo que nos quedaban y comienza una auténtica lluvia de éllas. Pena de cámara. En un momento vuelan sobre nuestras cabezas y nos caen encima todo tipo de bolsas de basura, ponchos de plástico, camisetas, y sudaderas. Lo que te cae encima lo vuelves a lanzar hacia las vallas y el exterior de la ruta, con lo cual sigue el diluvio durante unos minutos. Queda todo hecho un asco. Dicen que la ropa la aprovecha una ong.
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Un txabalote, justo delante de mi, se quita una bonita sudadera con un gran escudo que pone Idiazábal. No creo que la vaya a tirar, está nueva y es muy chula. No, se la da a un amigo algo más bajo que se la ata a la cintura; al parecer corre con secretario. Me dejo la camiseta de algodón sobre los hombros para conservar algo de calor, compruebo que los cordones de las zapatillas y el chip están bien seguros, estiro los calcetines, ajusto la camiseta ajustada, me coloco las gafas de sol, noto que la coleta está floja pero ya no queda tiempo para rehacerla, choco la mano con las/os que me rodean y… ya estoy preparado.
En ese momento una voz masculina me susurra al oído “te quiero”. Cuando giro el cuello, que es todo lo que puedo girar, y me levanto las gafas, compruebo que yo no era el destinatario del mensaje, sino la chica que está pegada a mi espalda. Al ver mi cara de susto y estupor se dan cuenta de lo sucedido y nos reímos todos. Les estoy diciendo que yo también les quiero cuando aquello empieza a moverse.
Al parecer han quitado las vallas que nos retenían y el grupo ha comenzado a avanzar, a paso rápido, incluso trotando, hasta la línea de salida. Puedo, de nuevo, ver lo que ocurre y observo que vamos entre vallas altas, llenas de plásticos y ropas y ya con algunas personas aplaudiendo y dando ánimos. Aprovecho para echar la camiseta de algodón fuera del recorrido y sin más, me centro ya en la carrera, pues veo que nos acercamos a un arco de color rojo, del que cuelgan carteles y bajo el que hay unas alfombras que zumban como un concierto de grillos y cigarras. Es la IRTEERA.SALIDA.DEPART
Firmador: Ansar
9 comentarios:
¡¡¡Pero si es solo la salida !!!
Vas a necesitar un par de dias para escribir sobre la carrera :-)
Esperamos nerviosos...
vaya descripcion (sobre todo lo de la cena). Espero poder vivirlo este fin de semana y que pueda contarlo, como has hecho tu.
Este blog ha ganado un colaborador de ordago (y un corredor, si señor)
Amigo ANSAR ;
Siento pisarte la noticia, pero hubo un emperador que ya vivió esta carrera y dijo lo mismo pero con menos palabras.
" Veni , vidi, vici "
p.d. Lo bueno si breve dos veces bueno.
¡¡ joder!! , pa uno que escribe, le dais tiza !!
Impresionante y pormenorizada crónica de la previa de una carrera. ¡¡Como tengamos que llevar la mitad de cosas que portaba este Ánsar vamos a necesitar un camión de Gerposa!! Después de esta entrada, a quien se le olvide algo es para matarle, creo que debería ser de lectura obligada en las "Pre-Crónicas Behobienses" para evitar malentendidos en las horas previas a la prueba.
Hola,
Estoy lesionado y no podré correr la Behobia, y eso que al final resolví lo más dificil, me habían conseguido un dorsal.
Yo que estaba intentando pasar la semana sin acordarme de la cita del domingo para no deprimirme, y entro al blog y me encuentro esta bonita historia. Bonita pero deprimente, para mi almenos, nostálgica, culebrona, algo rosa...
Al final me diprimí. "Bueno", me digo a mi mismo, "el año que viene..." Sniff!
Saludos,
Iñaki
Hola Iñaki, no se me ha olvidado lo referente a la carrera de Marima .Me han asegurdo que en breve estaremos informados , creo que ha habido algun problema tecnico , o algo así.
Siento no coincidir en la Beobia , pero todavia te queda Vitoria.
Un saludo
Para que luego digan que las mujeres hablamos, que pedazo loro Ansar!!!!
Muy emotivo eso si.
Querido Iñaki siento comunicarte que la carrera de Marisma nunca la van a homologar, medido el recorrido por expertos atletas de nuestro Clus, estos confirman que de 10kms y de 5 ná de ná, ahora las marcas seguro que han salido estupendas, bueno siempre nos quedarán los 10 de Laredo.
Behobianos comienza vuestro periodo de concentración, pensad en la llegada a Sanse es brutal!!!!
Cuidense pequeños
El testamento de la Behobia....
Tienes razon pajarin "lo bueno y breve dos veces bueno ".
Yo que la corri tres veces puedo escribir la trilogia de milenium.
Poeta.
No les hagas caso ansar a estos ignorantes...no entienden que estas a costumbrado a dar discursos a gran escala, incluso en ingles y en la universidad de Georgetown nada mas y nada menos, y en chicano si hace falta, la lengua para ti nunca sera una frontera...manda gues!!Y no te dejan expresarte
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