Mi segunda participación en Madrid. Sí señor. En 2009 fue mi primera vez. Pero ahora voy, empeoro el tiempo que hicimos la Hermana Presidenta y yo hace dos años, y aun así estoy contento. Raro que es uno.
Explico. Correr. Dicen que correr es como la vida. Me parece muy fuerte decir esto. Pero sí hay algo de cierto en ello. Es intenso. Se hace largo. Se disfruta. Hay momentos malos, regulares y buenos. Hay que liberarse de prejuicios. Hay que tratar de ser libre. Hay que saborear cada paso que se da. Amigos, en Madrid he disfrutado. Aunque he hecho la carrera yo solo, me sentía apoyado y acompañado. Me ha dado tiempo a pensar y a olvidarme. Todo esto me gusta. Repasaba el camino mentalmente y el que me quedaba. Nunca corría solo. Cada cuesta que llegaba y las que había pasado. La bajada de Mateo Inurria y la subida de Rubén Darío. La salida del Paseo de coches y la llegada del Retiro.
Me había olvidado de los objetivos ambiciosos. La primera parte del año no ha sido perfecta. No he encontrado la zancada ni el ritmo. Demasiada interrupción en enero. Decidí que en mayo habrá más Medias y que en Madrid no quiero exprimirme. Ahora planifico una primera parte de la carrera despacio (5:35) y acelerar desde el kilómetro 12. Según las posibilidades y ganas. Pero sobre todo me apetecía volver a pisar Madrid. Eso sí quería hacerlo. La San Silvestre es más una fiesta que una carrera, y casi no cuenta. La ciudad se vive y se pisa en la Media y en la Maratón. Los que corremos fuera no estamos acostumbrados a esas aglomeraciones. Éramos 15.000 atletas. Mucha gente al principio, las imágenes eran espectaculares. Lástima de cámara. Esto sólo me lo quedo para mí. Subiendo Príncipe de Vergara hay toboganes y se puede ver que somos una multitud.
Antes de salir ya estoy sudando. Creo que siento calor, pero el ambiente es frío y tenso. El minuto de silencio por el Hermano Alberto es respetado y el ritmo inicial es constante aunque tengo que frenarme. No quiero pasarme de vueltas. Recuerdo que hace dos años había varios grupos de paracaidistas de la Bripac corriendo y cantando. Acojonaban. Ahora no hay ni un militar corriendo. Y el silencio es casi permanente. Voy bien y pienso mucho. Me acuerdo del Gran Ken y de sus desmesuradas aficiones. Me acuerdo de los lesionados y de los que me han acompañado por Santander. Casi me dan ganas de llorar. Se me ponen los pezones como cacahuetes. Sensible que es uno.
El ritmo es bueno y la organización también. Pasamos la mitad del recorrido y me encuentro optimista. Tengo la sensación de que la carrera es distinta a la que corrimos hace dos años. El público tampoco anima ahora. En Bravo Murillo veo a lo lejos las torres Kío. “Mira, ahí nació el diablo”, pienso. Desde abajo son muy grandes, y asustan el fallo de cálculo del arquitecto o un terremoto 9.0 en la escala Richter. Por suerte no pasamos cerca de las torres de florentino. De esa me libro. Desde ahí se baja hacia el sur hasta el Retiro. Decido acelerar y lo consigo. No es para tirar cohetes, pero voy a 5:15. Mejor de lo que pensaba. Me da por pensar otra vez. “¿Por qué todo será como es?”, vuelvo a decirme. “¡Y todo desde una gran explosión!”, concluyo.
Mi ritmo es alegre desde el kilómetro 12 al 18. Paso por algún sitio que me recuerda a mi niñez: mi antiguo dentista; el Gobierno militar; la casa de Juan Antonio (¡Dónde estarás, Hermano!). Ya casi estamos. Si siguiese a este ritmo mejoraría mis previsiones. Pero en esto llego al Ángel caído. ¡Qué cuesta desde el kilómetro 18 al 19! Me deja muerto del todo. El espectáculo es lamentable. Vomitan varios. Más de la mitad se para. Algunos subimos como podemos. Alguno acelera. Este esfuerzo me deja doblado. ¿Por qué diablos no quitan esta cuestecita? Me machaca y me deja doblado los dos kilómetros finales hasta la hora y 56 minutos en que paro el cronómetro. Me siento muy bien. Esto es vida.
Cuando llego, veo a mi sobrino Javier y a mi familia. Me aplauden. Me río y soy muy feliz. Me acuerdo de mi Hermano Pedro bombón. Va por ti y los tuyos tío. Lo habéis pasado mal.
Siento la extensión y la plastonez, Hermanos. Pero por todo esto me gusta Madrid.
Os quiere, K.
6 comentarios:
Qué bien, creo que, por fin, voy a ser el primero en contestar una crónica tan bonita. Es hasta excitante, mi primera vez, aunque sea con el gran Khun, no importa, es un buen hombre.
Me ha encantado, estupenda, esos recuerdos de niñez, inolvidables, ese Madrid tan hostil y atractivo a la vez, esa cuestaza traidora, esos recuerdos a los hermanos y a Pedro, ese Retiro, lleno de promesas de amor...
Me ha gustado mucho, se nota que eres clase A.
Amigo Khun;
Bonita crónica, pero a mí, me sigue gustando más Barcelona.
Será que soy cule....
(Pajarín..... )
Excelente crónica hermano, correr en casa es lo que tiene, despierta recuerdos.
Que bien te lo has pasado Angelillo se te nota en la mirada
Eres grande Khun!!!si te lo has pasado bien pues ya está, además leyendo tu relato se ve claramente que te lo has pasado canica, que si que algún km se hace más duro pero es que si no no tiene emoción.
Es verdad, correr es como la vida y es un buen entreno para la vida..
Pero si ya lo dijo aquel, "que más da; si lo importante es pasar el rato". Y el que no lo quiera entender ya sabe lo que le espera... Felicidades por la carrera y la crónica, nada como saber disfrutar.
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